Polaridad

Aquellos pobres colores que antes representaban a mis personalidades
se convirtieron en longitudes de ondas frías y racionales;
ya nunca más la magia intangible existió en mi mente,
y todos los amigos que alguna vez fueron imaginarios se suicidaron.
Estoy sola esta noche, llena de aire, tripas, agua y mierda…
Un ser humano del común, un ser humano cualquiera.
Que aburrido es estar loco, que aburrido es esta cuerdo,
que repetitivo es todo…

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Aquellos tristes colores que antes estaban en mi cartuchera,
una vez afuera se apoderaron de mis voces;
ya nunca más me molestaron las luciérnagas ni los mosquitos,
y todas las salamandras se mudaron a mi cuarto para cuidarme de noche.
Estoy radiante esta noche, llena de amigos, sueños, vida, fuego y delicias…
Un ser humano estupendo, un ser humano único e irrepetible.
Que bendición es estar loco, que bendición es estar cuerdo,
que sorprendente es el mundo…

Tus pecas

Si pudiera elegir un porqué amarte de entre todos,
elegiría tus pecas… en especial esas que tienes en el pecho.

Tus pecas dan alegrías a mi imaginación y a mis dedos:
Recorrerlas con mis lápices mentales buscando
inimaginables figuras escondidas en ellas.
Si tan solo pudiera alcanzar a besarlas todas cada noche
hasta que te quedes dormida y ceda mi boca a mis deseos.

Me dan ganas de comerte los brazos al imaginar que son
chispas de chocolate crujientes, o la corteza de un pan de queso*,
mientras tanto me conformo con leerlas lentamente
así tal cual como haría un ciego.
[Hablan, y mucho, y siempre me dicen cosas nuevas sobre ti]

No me canso de darle vueltas al asunto

Si decides arrancarte la piel, la carne, las tripas y los huesos con las manos ¿Qué quedará de ti? 

No es tanto preguntarse ¿Quién soy? Sino, ¿por qué soy de ‘carne’?, ¿por qué tengo esta forma (extremidades, tronco y cabeza) y no otra?, y ¿por qué los humanos no evolucionaron como seres que puedan volar? 

No es que no crea en Dios, hay gente que cree en él, va a misa, es feliz así y yo respeto eso. Hay otras personas que no creen en él, lo cual respeto también. Yo creo en Dios, he decidido creer en él basada en incontables bendiciones que me han llegado cuándo se las he pedido, y cuando no también. No me puedo quejar, Dios siempre me ha amado mucho y me lo hace saber de tanto en tanto. Cuando canto sus canciones se me quita el mal genio, cuando oraba sentía mi ser tranquilo y feliz, con un gran sentimiento de seguridad y bienestar. Pero ahora no, ya no, y no es porque haya dejado de creer, cantar u orar, sino porque todo lo que sé de Dios, todo lo que la gente me habla de Dios no me da la respuesta a lo que busco casi desesperadamente, que no es otra cosa de lo que busca instintivamente la mayoría de las personas: un motivo suficiente para justificar mi gasto de oxígeno en este planeta, un motivo que no sea únicamente el típico sueño capitalista de ganar dinero para sobrevivir cómodamente, o al menos un motivo suficiente para quitarme la idea de que estoy estorbando en este mundo, o en cualquier mundo, por mi debilidad, por mi falta de entusiasmo, por mis contradicciones, por mis desvaríos, y por las múltiples apariencias que me toca adoptar para que los demás no se den cuenta de que hace mucho tiempo perdí el control de mí, que me quiero arrancar la cara, que no quiero tener cara, ni cuerpo, ni huesos, ni nervios, ni nada, que no me siento YO, que no tengo ni la más mínima idea de quién soy, qué soy, qué quiero ser o qué significa ‘siday’ (tengo un sentimiento de amor-odio por ese nombre, o cualquier otro nombre), que me quiero quitar los ojos porque no resisto descubrir mi mar de dudas, pero no me atrevo a nada porque sé que quitarse los ojos y la piel duele, y mucho (cobarde soy). Y a usted que lee y que puede estar pensando que estoy loca de remate (o puede que no, o qué se yo, no tengo telepatía), deténgase a pensar cuantas veces se siente igual, o completamente vacío durante un día, o una noche, que necesita de trabajos, estudios, fiestas, novios(as), hijos, padres, viajes, comida, vicios o lo que sea que le pueda facilitar un motivo (superficial al fin de cuentas) para no sentirse inútil en este universo, porque ese cuentesito de la autorrealización siempre deja la pregunta: ¿y después qué? 

Perder completamente el control y terminar en un siquiátrico es perfectamente normal si tenemos en cuenta el lugar en el que nos tocó vivir, y la gente malparidamente incomprensible con la que nos toca lidiar por el resto de nuestra laaargaaa vida (que no es otra gente sino nosotros mismos clonados con otras ropas y otra imagen, codiciando ser mejores o peores personas, y formando todos la gran sociedad de la que tanto nos quejamos); pero aquí estamos, interactuando anormal y enmascaradamente, caminando ‘libres’ por las calles, desplegando nuestras enfermas cualidades por doquier, y creyéndonos dueños de un mundo que no es nuestro, que nunca será nuestro y que sólo nos aprecia cuando podemos pagar por sus servicios, mundo puto y cruel.


"El ser humano tiene una 'capacidad infinita' para ser infeliz"
                                                                                              E. Punset