Tus pecas

Si pudiera elegir un porqué amarte de entre todos,
elegiría tus pecas… en especial esas que tienes en el pecho.

Tus pecas dan alegrías a mi imaginación y a mis dedos:
Recorrerlas con mis lápices mentales buscando
inimaginables figuras escondidas en ellas.
Si tan solo pudiera alcanzar a besarlas todas cada noche
hasta que te quedes dormida y ceda mi boca a mis deseos.

Me dan ganas de comerte los brazos al imaginar que son
chispas de chocolate crujientes, o la corteza de un pan de queso*,
mientras tanto me conformo con leerlas lentamente
así tal cual como haría un ciego.
[Hablan, y mucho, y siempre me dicen cosas nuevas sobre ti]

No me canso de darle vueltas al asunto

Si decides arrancarte la piel, la carne, las tripas y los huesos con las manos ¿Qué quedará de ti? 

No es tanto preguntarse ¿Quién soy? Sino, ¿por qué soy de ‘carne’?, ¿por qué tengo esta forma (extremidades, tronco y cabeza) y no otra?, y ¿por qué los humanos no evolucionaron como seres que puedan volar? 

No es que no crea en Dios, hay gente que cree en él, va a misa, es feliz así y yo respeto eso. Hay otras personas que no creen en él, lo cual respeto también. Yo creo en Dios, he decidido creer en él basada en incontables bendiciones que me han llegado cuándo se las he pedido, y cuando no también. No me puedo quejar, Dios siempre me ha amado mucho y me lo hace saber de tanto en tanto. Cuando canto sus canciones se me quita el mal genio, cuando oraba sentía mi ser tranquilo y feliz, con un gran sentimiento de seguridad y bienestar. Pero ahora no, ya no, y no es porque haya dejado de creer, cantar u orar, sino porque todo lo que sé de Dios, todo lo que la gente me habla de Dios no me da la respuesta a lo que busco casi desesperadamente, que no es otra cosa de lo que busca instintivamente la mayoría de las personas: un motivo suficiente para justificar mi gasto de oxígeno en este planeta, un motivo que no sea únicamente el típico sueño capitalista de ganar dinero para sobrevivir cómodamente, o al menos un motivo suficiente para quitarme la idea de que estoy estorbando en este mundo, o en cualquier mundo, por mi debilidad, por mi falta de entusiasmo, por mis contradicciones, por mis desvaríos, y por las múltiples apariencias que me toca adoptar para que los demás no se den cuenta de que hace mucho tiempo perdí el control de mí, que me quiero arrancar la cara, que no quiero tener cara, ni cuerpo, ni huesos, ni nervios, ni nada, que no me siento YO, que no tengo ni la más mínima idea de quién soy, qué soy, qué quiero ser o qué significa ‘siday’ (tengo un sentimiento de amor-odio por ese nombre, o cualquier otro nombre), que me quiero quitar los ojos porque no resisto descubrir mi mar de dudas, pero no me atrevo a nada porque sé que quitarse los ojos y la piel duele, y mucho (cobarde soy). Y a usted que lee y que puede estar pensando que estoy loca de remate (o puede que no, o qué se yo, no tengo telepatía), deténgase a pensar cuantas veces se siente igual, o completamente vacío durante un día, o una noche, que necesita de trabajos, estudios, fiestas, novios(as), hijos, padres, viajes, comida, vicios o lo que sea que le pueda facilitar un motivo (superficial al fin de cuentas) para no sentirse inútil en este universo, porque ese cuentesito de la autorrealización siempre deja la pregunta: ¿y después qué? 

Perder completamente el control y terminar en un siquiátrico es perfectamente normal si tenemos en cuenta el lugar en el que nos tocó vivir, y la gente malparidamente incomprensible con la que nos toca lidiar por el resto de nuestra laaargaaa vida (que no es otra gente sino nosotros mismos clonados con otras ropas y otra imagen, codiciando ser mejores o peores personas, y formando todos la gran sociedad de la que tanto nos quejamos); pero aquí estamos, interactuando anormal y enmascaradamente, caminando ‘libres’ por las calles, desplegando nuestras enfermas cualidades por doquier, y creyéndonos dueños de un mundo que no es nuestro, que nunca será nuestro y que sólo nos aprecia cuando podemos pagar por sus servicios, mundo puto y cruel.


"El ser humano tiene una 'capacidad infinita' para ser infeliz"
                                                                                              E. Punset

Aquí estoy

Aquí estoy, a media noche trasnochando como cosa rara en mí, con la mente revuelta y resguardando mis sentimientos con en el estudio, como de costumbre. Realmente son muchas las malas costumbres que tengo, como comer a deshoras, no hacer ejercicio y aplazar siempre mi vida para después mientras saco excusas tontas para no vivir como el trabajo, el estudio, y todo el cansancio que queda de eso.

Aquí estoy yo, escribiendo cosas tontas, como la mayoría de pensamientos que tengo. Puedo durar todo un día tarareando Aserejé y poner cara de inteligente y/o interesante al mismo tiempo. Subo a un bus lleno de gente x todos los días, unos más x que otros, solo para identificarme y sentirme a gusto de ser un x también. La inmensidad del vacío me absorbe mientras cierro mis ojos, de la nada, de lo desconocido, y canto (siempre en voz baja para no levantar sospecha sobre mi ridícula personalidad).

Hace frío y necesito un abrazo. Y si, me siento sola. Siempre me siento sola en las noches, especialmente en las noches en que escribo mientras escucho Radiohead o Queen. En las noches también me coloco a divagar, y todos mis planetas, mis ellos y ellas se despliegan y no me dejan dormir, entonces me dan ganas de vomitar (el alma), arrancarme la piel de los brazos, rogarle a Dios que me proteja y me guíe porque me siento perdida y desmotivada desde hace mucho tiempo, porque definitivamente me aburre el mundo siempre predecible, la gente (incluso a las personas que quiero), las ideas, los sentimientos, los viajes, el movimiento de los cuerpos, mi vida, la vida… [Me siento como una persona pretenciosa, caprichosa y desagradecida con las cosas buenas que de mi vida, que son muchas, pero no lo sé… no se qué hay de malo en mí].

Soy consciente de mis cambios, que no son para nada sutiles, y que incluso me alejan un poco más de la gente. Son muchas las veces en que prefiero encerrarme (si, utilizo el verbo “encerrar”, no me equivoqué) a jugar viedojuegos, a leer, a escribir, o a lo que sea con tal de no ver al resto de la "humanidad", supongo que eso es normal, como también lo es discutir con la pareja por eso, porque llevas casi un año con la misma actitud y te importa un bledo cambiarla o no, y por infinidad de otras cosas por las que discuten las parejas, personas a fin de cuentas. Cuestiones de parejas, relaciones personales, nunca he sido buena para eso ¿y quién? Me cansa interactuar, me cansa la convivencia a largo plazo (incluso conmigo), y soy más bien ‘casa sola’ como diría mi mamá, aunque muy respetuosa y amable la mayor parte del tiempo… esa es otra, me agrada ser amable, me gusta ser amable, me nace ser amable, pero me emputa cuando la gente (los hombres) malinterpretan todo y se montan en unas películas tan retorcidas, sacando conclusiones del tipo “seguramente le gusto y se muere por mi, porque se porta así conmigo” (…) También me encanta ser literal, ser asquerosamente sincera, estar callada, comer piña-patilla-uva-cereza, morder a las personas que quiero, pero antes de todo, ser amable y agradecida, entonces cuando la gente se pone pesada (que es casi siempre), simplemente no digo nada y me alejo para siempre (como si fuera la gran cosa jejeje).

Me estoy resistiendo a escribir sobre los problemas recientes de mi Colombia, los evado, como siempre evado los problemas que se me salen de las manos y no puedo resolver. También me dan ganas de llorar cuando leo noticias sobre violaciones sexuales, en especial si son niños y niñas, y creo que la autodestrucción del ser humano seguirá siendo progresiva pero necesaria. Sin embargo, en alguna parte de mi, secretamente mantengo la esperanza de que algo aparezca en el ‘último minuto’, algún atisbo de sensatez en las masas quizá… mi fe es ciega y mi mente contradictoria.

Lo único de lo que estoy segura es que soy feliz cuándo te escucho hablar, o cuando el viento o tu mano se enredan en mi cabello y lo despeinan. Soy feliz con los abrazos, y el primer día del sitio nuevo al cual viaje. Soy feliz en el camino, aunque ya no seamos las mismas personas de hace tres años…


¿Dónde andará Sidy?